Opinión

Por sus obras los conoceréis; por Augusto Cáceres Viñas

Publicado el 04 de agosto de 2026

Por Augusto Cáceres Viñas, médico y gestor público

 

Ha terminado la ceremonia de transmisión del mando. Quedaron atrás los discursos, los aplausos, el desfile, las celebraciones y el inevitable baño de popularidad que acompaña el inicio de todo gobierno.


Los ministros ya ocupan sus despachos y, desde este momento, cuanto ocurra en el Perú será responsabilidad de la presidenta y de su gabinete. Así funciona la democracia: el poder confiere autoridad, pero también exige asumir plenamente las consecuencias de las decisiones.


En el Perú, como en muchos otros países, los problemas terminan personificándose en quienes ejercen el poder: la presidenta, sus ministros, los congresistas y, en menor medida, gobernadores y alcaldes. Puede parecer injusto, pero es la naturaleza misma del ejercicio de gobernar.


Conozco a la presidenta de manera tangencial. He conversado con ella brevemente en un par de oportunidades, al igual que con el presidente del Consejo de Ministros, Luis Galarreta, y con varios de los actuales ministros. Mi impresión es que se trata de personas y profesionales correctos y decentes.


Más allá de esa apreciación personal, considero evidente que este gabinete ministerial supera ampliamente, por calidad y experiencia, a la mayoría de los que ha tenido el Perú durante los últimos ocho años.


Además, resulta alentador que esté integrado por personas provenientes de distintas corrientes políticas y con trayectorias profesionales diversas. Esa pluralidad puede convertirse en una fortaleza si existe una conducción clara.


El verdadero desafío, por tanto, no radica únicamente en la capacidad individual de sus ministros, sino en el liderazgo que ejerza la presidenta para armonizar esas distintas visiones y orientarlas hacia un mismo objetivo nacional.


Después de quince años preparándose para asumir la Presidencia de la República, ha llegado el momento de demostrar si esa preparación fue suficiente para conducir al país.


Deseo sinceramente que tenga éxito. Que cumpla lo que prometió durante la campaña y, si es posible, que haga incluso más de lo ofrecido.


También espero que no ceda ni a las presiones de una oposición que muchas veces privilegia el cálculo político sobre el interés nacional, ni a la demagogia de quienes buscarán convertir cualquier dificultad en una oportunidad para desestabilizar al gobierno. Gobernar exige firmeza, inteligencia política y una comunicación permanente con la ciudadanía. Allí también se medirá su liderazgo.


Ojalá que dentro de cinco años entregue un país mejor y deje una vara muy alta para quienes aspiremos a sucederla. Esa sería una magnífica noticia para el Perú, porque significaría que la competencia política se daría por quién puede hacerlo aún mejor y no por quién destruye lo avanzado.


Por todo ello, hoy le concedo a la presidenta, a su gabinete y a su gobierno el beneficio de la duda.


No porque crea que todo lo hecho hasta ahora haya sido perfecto. Seguramente pudo conformarse un gabinete distinto, pronunciarse un mejor discurso o tomarse otras decisiones. Pero ningún gobierno comienza siendo perfecto, y la política no consiste en comparar la realidad con un ideal inalcanzable, sino en evaluar si es capaz de producir resultados.


Las dudas solo pueden disiparse con hechos.


Por eso estaré atento a sus decisiones y, sobre todo, a sus resultados.


Como enseña el Evangelio: “Por sus frutos los conoceréis.”


Ese será el único criterio verdaderamente importante. No los discursos, no las simpatías ni las antipatías, sino las obras.


Porque, por encima de cualquier diferencia política, todos los peruanos deberíamos desear lo mismo: que al Perú le vaya bien.

 

 

 

Fuente: CanalB

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