Opinión

¡La maldita Sunat!; por Augusto Cáceres Viñas

Publicado el 29 de enero de 2026

Por Augusto Cáceres Viñas

 

“El problema no es que los emprendedores se formalicen...

es que el Estado deje de comportarse como un socio forzoso y empiece a ser un aliado”.


En el Perú se repite hasta el cansancio que el gran problema nacional es la informalidad de los emprendedores. Se les acusa de evasores, de irresponsables, de vivir al margen de la ley. Pero rara vez se dice la verdad completa:
el Estado peruano es hoy un socio forzoso, inútil y abusivo del emprendimiento.


Un socio que no invierte, no arriesga, no trabaja, no innova…
pero que se queda con casi el 40% de lo que produces.


El socio forzoso


Para el emprendedor peruano, formalizarse no significa ingresar a una comunidad de derechos y servicios. Significa aceptar un socio obligatorio que:

  •  No te dio buena educación
  •  No te ofrece salud ni seguridad decentes
  •  No te protege frente al delito
  •  No te acompaña a crecer
  •  No te facilita crédito


Y aun así, mete la mano en tu bolsillo y se lleva una parte sustancial de lo que ganas con tu sudor, tu esfuerzo, tus horas de trabajo y tus noches de insomnio.


Ese es el Estado real que perciben millones de emprendedores:
un Estado pechugón, voraz, que vive a expensas del trabajo ajeno.


Un Estado que además se roba a sí mismo
El problema no termina ahí.


El emprendedor no solo siente que le quitan demasiado, sino que ve cómo ese dinero se desperdicia o se roba.


Funcionarios corruptos.


Redes que se esquilman entre ellas.


Un aparato estatal donde muchos agentes no sirven al ciudadano, sino que se sirven de él.


El mensaje implícito es devastador:
“Trabaja tú, arriesga tú, produce tú… que nosotros cobramos y luego vemos qué hacemos con la plata.”


Así, la informalidad deja de ser una infracción y se convierte en una reacción racional de defensa.


El error de enfoque;
El debate ha estado mal planteado durante décadas.


El problema no es que el emprendedor no quiera formalizarse.


El problema es que formalizarse hoy significa ser castigado.


El Estado peruano ha confundido autoridad con hostilidad, y fiscalización con persecución.


Castiga al que crece, penaliza al que progresa y empuja a las empresas a quedarse pequeñas, fragmentarse o desaparecer.


Ningún país se desarrolla así.


Una verdad incómoda pero necesaria:
Los países no crecen con microempresas eternas.


Crecen cuando las micro y pequeñas empresas se convierten en medianas y grandes.


Son las medianas y grandes empresas las que:

  • Elevan la productividad
  • Pagan mejores salarios
  • Exportan
  • Invierten en tecnología
  • Sostienen la recaudación tributaria
  • Construyen un PBI per cápita alto


Si el Estado castiga el crecimiento, condena al país al estancamiento.


Cambiar la lógica: que el Estado sea más “informal”
Aquí está el verdadero giro conceptual.


La solución no es obligar a los emprendedores a adaptarse a un Estado rígido y voraz.


La solución es que el Estado se vuelva más informal en el buen sentido:

  • Más simple
  • Más flexible
  • Más predecible
  • Menos confiscatorio
  • Más cercano al ciudadano productivo


Un Estado que entienda que primero hay que acompañar, luego cobrar más.


El Impuesto Único Nacional (IUN): una nueva relación
De esa lógica nace el Impuesto Único Nacional (IUN).


Un principio simple y transparente:
Tú le das al Estado el 5% de tus ventas, y nada más.


Ese 5%:

  • Cubre todos los impuestos
  • Incluye IGV, renta, tributos municipales y contribuciones
  • Elimina la maraña de trámites y fiscalizaciones
  • Te da previsibilidad y tranquilidad


Y a cambio, el Estado deja de ser un socio parasitario y asume un rol concreto y útil:
Ser tu aval para el Préstamo Nacional de Desarrollo.


Con lo que tú aportas, el Estado te respalda para acceder a crédito.


Primero pequeño, luego creciente, según tu facturación y tu historial.


No como limosna, sino como palanca de crecimiento.


De enemigo a aliado;
El mensaje cambia por completo:

 

  • El Estado ya no te castiga por crecer
  • No te persigue por formalizarte
  • No te ahoga cuando despega tu negocio


Te dice, en cambio:
“Crece, produce, genera empleo. Yo te acompaño. Cuando seas más grande, aportarás más.”


Eso no es populismo.


Eso es sentido común económico.


El Perú no va a salir adelante persiguiendo a quienes trabajan.


No se construye desarrollo tratando al emprendedor como sospechoso ni exprimiéndolo como a una vaca lechera.


El país crecerá cuando el Estado deje de ser un socio forzoso, pechugón e inútil, y se convierta en un aliado real del que produce, del que arriesga, del que genera empleo.


Formalizar no puede seguir siendo un castigo.


Debe ser una oportunidad.


Un impuesto simple, justo y predecible.


Un Estado que acompaña y no asfixia.


Un país donde crecer no sea un delito.


Porque cuando emprender vale la pena,
la informalidad cae sola.


Y recién ahí, el Perú empieza a crecer de verdad. 

 

 

 

Fuente: CanalB

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