Opinión

La gran mentira de la división del Perú; por Augusto Cáceres Viñas

Publicado el 15 de junio de 2026

Por Augusto Cáceres Viñas, médico y gestor público

 

Vivimos tiempos en los que se insiste en presentarnos un Perú dividido. Un país fracturado entre regiones y capital, entre costa y sierra, entre ricos y pobres, entre ganadores y perdedores. Se nos quiere convencer de que habitamos una nación partida en dos mitades irreconciliables.


Según esta visión, existiría un “Perú profundo”, olvidado y resentido, enfrentado a una Lima privilegiada y distante. Las diferencias económicas, sociales y culturales dejarían de ser desafíos que debemos resolver juntos para convertirse en fronteras que nos separan.
Es cierto que existen brechas profundas. Persisten la pobreza, las desigualdades y muchas necesidades insatisfechas. Pero una cosa es reconocer los problemas del Perú y otra muy distinta convertirlos en instrumentos de división.


Porque el Perú real no es un conjunto de pueblos enfrentados. El Perú real es una de las experiencias históricas de integración más extraordinarias de América.


Cinco mil años construyendo una nación


La Peruanidad no nació con la República ni con la Independencia. Es el resultado de más de cinco mil años de historia compartida.


Desde Caral comenzó un largo proceso de intercambio e integración cultural que continuó con Chavín, Paracas, Nazca, Mochica, Wari, Tiahuanaco, Chimú y muchas otras civilizaciones. Cuando Pachacútec transformó el Reino del Cusco en el Tahuantinsuyo, heredó y sintetizó milenios de experiencia acumulada. El Imperio de los Incas fue la expresión política más avanzada de ese proceso integrador.


El Virreinato incorporó nuevos elementos que transformaron profundamente nuestra realidad: el idioma español, el cristianismo, instituciones, artes y una intensa mezcla humana y cultural. Durante tres siglos se forjó un mestizaje que dio origen a una nueva identidad.


La República continuó esa obra. Con avances y retrocesos, siguió construyendo una comunidad nacional que hoy reúne a millones de peruanos bajo una misma bandera.


La historia del Perú no es la historia de una fragmentación permanente. Es la historia de una integración continua.


La síntesis peruana


Pocos comprendieron esto tan bien como el Inca Garcilaso de la Vega. Hijo de un capitán español y una princesa inca, encarnó la síntesis que definiría al Perú. No renegó de ninguno de sus orígenes: los integró.


Siglos después, Víctor Andrés Belaunde dio forma doctrinaria a esta intuición en su obra Peruanidad, donde definió al Perú como una síntesis viviente de herencias culturales, históricas y espirituales.


Su afirmación sigue siendo vigente:
“No concebimos oposición entre hispanismo e indigenismo; los peruanistas somos hispanistas e indigenistas al mismo tiempo”.


Jorge Basadre, Raúl Porras Barrenechea y otros pensadores continuaron desarrollando esta visión integradora, entendiendo al Perú como una continuidad histórica y un proyecto común.


Recuperar el “nosotros”


Por eso resulta tan peligroso cualquier discurso que pretenda convertir nuestras diferencias en enemistades permanentes.


La Peruanidad nos invita a reconocer la diversidad sin transformarla en confrontación. Nos recuerda que ningún peruano es extranjero dentro de su propia patria, ni fuera de ella y que nuestra riqueza radica precisamente en la diversidad de nuestras raíces.


El Perú no es Lima contra las regiones. Ni la costa contra la sierra o la selva. Ni el norte contra el sur. Ni el pasado indígena contra la herencia hispánica.


El Perú es la síntesis de todos ellos.


Hoy necesitamos recuperar el sentido del “nosotros”. Comprender que compartimos una historia común, un territorio común y un destino común. Que las respuestas a muchos de nuestros desafíos no están en ideologías importadas ni en discursos de resentimiento, sino en la comprensión profunda de lo que somos.


La Peruanidad no significa uniformidad. Significa unidad.


No busca borrar nuestras diferencias. Busca darles un propósito común.


Porque ningún país progresa dividido contra sí mismo. Y porque, después de cinco mil años de historia, existe algo infinitamente más fuerte que aquello que pretende separarnos: el Perú.


Como proclamaron los fundadores de la República, sigamos caminando firmes y felices por la unión, conscientes de que somos una sola patria y tenemos un solo destino.

 

 

 

Fuente: CanalB

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