El Perú logró cerrar el 2025 sin volver a incumplir la regla fiscal, pero el resultado no despeja las preocupaciones sobre la sostenibilidad de las cuentas públicas en el corto y mediano plazo. Detrás del cumplimiento formal se combinó un escenario macroeconómico favorable con ajustes puntuales e ingresos extraordinarios que no garantizan una trayectoria clara de consolidación fiscal hacia adelante, según advierten autoridades y analistas.
Durante el 2025, el resultado fiscal estuvo respaldado por recursos no recurrentes, como el pago de una elevada deuda tributaria por parte de Credicorp, el vencimiento de fraccionamientos y los ingresos por regularización del impuesto a la renta asociados a operaciones extraordinarias, como la venta de Enel. De acuerdo con el exjefe de la Sunat, Luis Alberto Arias, estos conceptos representaron cerca de 0.4% del PBI y no constituyen una base permanente de ingresos.
Para el 2026, el Ministerio de Economía y Finanzas prevé que los ingresos se mantengan apoyados principalmente en los altos precios de los metales, un factor considerado volátil. A ello se sumaría la regularización del impuesto a la renta correspondiente al 2025, que reflejaría el buen desempeño de los commodities durante ese año. Sin embargo, especialistas coinciden en que el principal foco de riesgo no está en los ingresos, sino en el crecimiento del gasto público.
El exministro de Economía Alfredo Thorne estima que las leyes aprobadas y en trámite sobre incrementos de remuneraciones y pensiones podrían añadir cerca de 1% del PBI al déficit fiscal. En la misma línea, el Consejo Fiscal ha alertado que el Presupuesto Público proyecta un aumento de S/7,800 millones, muy por encima del espacio fiscal previsto en el Marco Macroeconómico Multianual, con efectos que se arrastrarían desde decisiones tomadas en 2025.
A estos factores se suman compromisos de gasto que no impactaron en el 2025, pero sí presionarían las cuentas del 2026, como la adquisición de aviones de combate para la Fuerza Aérea del Perú y la construcción de la nueva base naval del Callao. De concretarse eventuales apoyos financieros a Petroperú, el déficit fiscal podría acercarse a 3.4% del PBI, por encima del tope de 1.8% fijado para este año.
En este contexto, la propia titular del MEF, Denisse Miralles, ha señalado que no se descarta revisar la regla fiscal o, al menos, dejar una hoja de ruta para que la próxima gestión evalúe sus límites. Mientras tanto, Moody’s proyecta que el déficit fiscal del 2026 se ubicaría alrededor del 2%, aunque su evolución dependerá de las presiones de gasto y del entorno político, riesgos que la calificadora asegura seguirá monitoreando.
Fuente: CanalB
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