Opinión

Nuestra fábrica; por Carlos E. Gálvez Pinillos

Publicado el 06 de abril de 2026

Por Carlos E. Gálvez Pinillos, expresidente de la SNMPE


Cuellos de botella

 

Cuando vemos una fábrica con varias líneas de producción, es muy probable que encontremos en sus procesos, algunos “cuellos de botella”.

 

Estos entorpecen e interrumpen el proceso productivo, incrementan los inventarios y, como consecuencia, demandan más capital de trabajo.

 

No sólo eso, sino que, retardan las entregas, crean clientes insatisfechos, anulación de órdenes de compra y finalmente, pérdidas en la operación, hasta el límite de la quiebra.

 

Con algunas variantes, un país es igual. Si como dice nuestra Constitución, el ser humano (nuestro cliente), es el fin supremo de la sociedad, debemos revisar nuestro aparato institucional y corregir aquellos “cuellos de botella” que imposibilitan mantener 34 millones de clientes satisfechos. Para esto, debemos revisar qué productos finales debemos entregar, en qué volumen debemos atender, con qué velocidad y, como consecuencia, debemos evaluar: la lógica y fluidez de nuestras líneas de producción, la habilidad de nuestros operadores y los recursos que debemos utilizar.

 

El punto es que, una línea de producción no puede producir más rápido de lo que permite la primera entidad de esa línea. Y, efectivamente, esto funciona como un pelotón que debe marchar de un lugar a otro, manteniendo el orden en la fila y la distancia entre ellos. Si ponemos al más gordito y lento en el primer puesto, ese pelotón no podrá cumplir la misión en el tiempo previsto.

 

Efectivamente, en la economía formal del Perú, nada se mueve sin una multiplicidad de permisos y autorizaciones otorgadas por el Estado en sus diferentes estamentos y, de hecho, el Estado es el más gordito e ineficiente del “pelotón”.

 

Esa es la principal razón para que nuestra economía no crezca a mayor velocidad y para que las inversiones no se ejecuten al ritmo necesario.

 

Por supuesto que tenemos más cuellos de botella en esta fábrica. Además de actuar de tapón e impedimento al empresariado privado y sus “animales salvajes internos”, el Estado está metido en muchas cosas como gestor. No insistiré con Petroperú, ya suficientemente tratado, pero sí con ESSALUD, el sistema de salud público y la educación.

 

Un país, para desarrollarse, debe partir de una población bien nutrida, saludable y educada.

 

Como si fuera una tragicomedia, el Estado está altamente involucrado en esas tres responsabilidades y, no es casualidad, que esas tres labores estén sumamente descuidadas o corrompidas.

 

Cuando maneja la nutrición infantil, a través de los programas conducidos por el MIDIS, inmediatamente aparece la corrupción extrema. A nadie le dio vergüenza, y nadie está en la cárcel pagando por entregar alimentos descompuestos y con gusanos a nuestros escolares más pobres. Quienes manejan el “Vaso de leche”, después de tantos años, han corrompido absolutamente el sistema, no focalizan a la población objetivo y, esa leche circula por poblaciones con auto y casa propia, como si nada.

 

En cuanto al sistema de salud, la pregunta que nadie quiere contestar es: ¿Por qué, si ESSALUD se financia íntegramente con el aporte de los empleadores, principalmente privados, esta entidad es manejada, no por los privados, sino por el Estado, como una dependencia del ministerio de trabajo?

 

Efectivamente, las empresas aportan el 9% de las planillas de sus trabajadores, mientras el Estado aporta menos y aporta tarde. El sector privado ha demostrado tener un sistema de salud muchísimo más eficiente que el público. Cuando se le ha permitido, ha dado ejemplo de eficiencia dentro del propio ESSALUD, veamos no más el manejo mediante APPs de los hospitales Alberto Barton y Guillermo Kaelin de la Puente. ¿Por qué no los replican en todo el sistema? Dos hospitales en alianza público-privada, a nivel de “bata blanca”, esto es: Construcción, operación y mantenimiento, al 100% privada, incluyendo el personal médico y paramédico.

 

De hecho, un esquema de aseguramiento, administrando eficientemente la fortuna aportada a ESSALUD y sin el despilfarro, ratería y favorecimiento a personas relacionadas a políticos de ínfima catadura moral, nos permitiría una población sana y satisfecha. No es cuestión de más dinero, sino de mejor gestión y honradez.

 

Por su lado, el pilar de la educación está entregado a adoctrinadores políticos, incapaces de aprobar un examen de suficiencia académica. Para muestra, Castillo y los congresistas que llegaron con este, en julio 2021. ¿Cómo vamos a lograr una juventud bien educada, si los ponemos en manos de esa gente? ¿Qué podemos esperar de la educación, si dejamos, desde los años 70s del siglo pasado, que se cambie el currículo escolar, destruyendo todo lo avanzado hasta antes de eso? Por esto, salvo muy honrosas excepciones y, tal como cantaba “el carreta” Jorge Pérez, “necesitamos colegios para analfabetos que terminaron segunda instrucción”.

 

Nuestro país es pues, una fábrica con cuellos de botella. Invoco a quienes salgan elegidos, a:

  • Quitarle trabas a la empresa privada y simplificar los permisos al nivel de los países más competitivos del mundo.
  • Entregar la gestión de ESSALUD a sus aportantes, y adecuar la gestión de los centros de salud del MINSA, a los mismos estándares de eficiencia del sector privado.
  • Reformar el sistema de educación, impidiendo que sea el reino de un sindicato y transformar el currículo educativa, fomentando el STEM y la tecnificación.


Si permitimos a los privados hacer lo suyo, a la velocidad debida, y rectificamos en el primer quinquenio los tres temas mencionados, estaremos listos para competir.

 

 

 

Fuente: CanalB

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