Opinión

La urgencia de fusionar Ministerios de Educación y Cultura; por Juan Carlos Eguren

Publicado el 12 de agosto de 2026

Por Juan Carlos Eguren

 

Menos burocracia, más presupuesto, más identidad.
 

Hace 55 años la cultura en el Perú dependía del Ministerio de Educación a través del Instituto Nacional de Cultura. En 2002 pasó a la Presidencia del Consejo de Ministros. Y el 2010 por demagogia y populismo se  creó el Ministerio de Cultura Quince años después, en medio de un debate sobre reforma y modernización del Estado, vuelve a ponerse sobre la mesa una pregunta directa: ¿es necesario mantener dos ministerios separados para formar ciudadanos con conocimiento y con identidad?

 

Desde la lógica de simplificación administrativa, desburocratización y destrabe, es no. Una de las primeras fusiones que debería impulsar el próximo gobierno es la de Educación y Cultura. No para desaparecer la cultura, sino para hacer todo lo contrario: meterla en cada aula, en cada colegio, en cada comunidad.

 

Hoy el Perú tiene un patrimonio material e inmaterial milenario, 55 lenguas originarias y una diversidad cultural que muchas veces no llega a las escuelas. Al mismo tiempo, las 26 Direcciones Regionales de Educación y las 26 Direcciones Desconcentradas de Cultura trabajan en paralelo, con presupuestos, planes y logística duplicados. El resultado son estudiantes que egresan sin haber visitado el sitio arqueológico que tienen a tres cuadras de su colegio, y políticas culturales que no tienen canal directo para llegar a los 9 millones de escolares del país.

 

Fusionar Educación y Cultura trae beneficios concretos y medibles. El primero es eficiencia. Un solo ministerio significa una sola sede central, un solo sistema administrativo, una sola oficina de prensa y una sola dirección regional por departamento en vez de dos. Vender o alquilar inmuebles duplicados y eliminar cargos administrativos redundantes libera recursos que pueden ir directo a bibliotecas escolares, a mantenimiento de museos y a programas artísticos.

 

El segundo beneficio es coherencia. Hoy para ejecutar un proyecto que una una escuela con un museo se necesitan dos ministros, dos visados y dos procesos. Con un Ministerio de Educación y Cultura, la política sería una sola: que cada colegio se convierta en un centro cultural de su comunidad. El actual Viceministerio de Patrimonio Cultural e Industrias Culturales podría encargarse de que los estudiantes conozcan, preserven y pongan en valor su historia. Y el Viceministerio de Interculturalidad garantizaría que esa formación tenga enfoque de diversidad, con respeto a los pueblos indígenas y afroperuanos.

 

El tercer beneficio es impacto social. La cultura no es un gasto. Es formación ciudadana. Ciudades con más arte en el espacio público, con escuelas abiertas los fines de semana y con identidad en las calles, tienen más cohesión social. Además, al unir cultura con educación se articula de forma directa la formación técnica con las industrias culturales: cine, música, libro, diseño y turismo. Se deja de ver la cultura solo como conservación y se la entiende también como economía y trabajo.

 

Para que esto funcione hay dos condiciones que deben estar en la ley. Primero, crear un Viceministerio de Cultura con rango, autonomía técnica y presupuesto protegido, para que la cultura no se diluya. Segundo, mantener la rectoría en patrimonio e interculturalidad como funciones centrales del nuevo sector.

 

La implementación puede hacerse en tres pasos sin afectar a los trabajadores. Paso uno, una ley del Congreso que deroga la Ley 29565 y crea el Viceministerio de Cultura dentro del Ministerio de Educación. Paso dos, la fusión administrativa de las DRE y las DDC en una sola Dirección Regional de Educación y Cultura. Paso tres, el lanzamiento de un programa nacional “Aula Patrimonio”, para que cada estudiante, antes de terminar secundaria, investigue y cuide al menos un bien cultural de su región.

 

Volver a unir Educación y Cultura no es un retroceso. Es cerrar un círculo que se abrió en 2010, pero ahora con una visión moderna. El país necesita menos burocracia y más ciudadanía. Y la ciudadanía se construye con matemáticas y lectura, sí, pero también con memoria, con arte y con sentido de pertenencia.

 

No se trata de tener menos cultura. Se trata de tener cultura en todas partes.

 

 

 

Fuente: CanalB

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