Por Luis Gonzales Posada, publicado en La Razón
Un día antes del proceso electoral sostuve en el diario Expreso que «este domingo – refiriéndome al pasado 7 de junio – el Perú sale adelante o se hunde irremediablemente. La opción es clara porque es visible: votar por Keiko Fujimori – al margen de no pertenecer a su agrupación política – garantiza el Estado Constitucional de Derecho, una economía de libre mercado y vincularnos con las democracias del hemisferio. Votar por Sanchez, en cambio, es alinearse con las dictaduras del Socialismo del Siglo XXI, integradas por las tiranías de Cuba, Nicaragua y Venezuela, países que se encuentran en pobreza extrema y con sus autoridades acusadas de violar los derechos humanos».
Más adelante manifesté que la la candidata de Fuerza Popular «garantiza la autonomía del Banco Central de Reserva y que se respeten los contratos ley porque, de no hacerlo, vía revisión de los mismos, como propone Sánchez, paralizaría las inversiones nacionales y extranjeras, mermando los ingresos fiscales y provocando la pérdida de miles de puestos de trabajo».
No menos peligroso ha sido el planteamiento de revisar los 24 Tratados de Libre Comercio que nos han abierto un mercado de tres mil millones de consumidores» y convocar a una Asamblea Constituyente porque considera «mafiosa» a la actual.
Dividir a los peruanos por raza y ubicación geográfica fue otro acto de barbarie. A propósito del apresamiento de Pedro Castillo por el fallido golpe de Estado, Sánchez construyó la narrativa de que el chotano sufrió «desprecio y discriminación de las élites limeñas y económicas que vienen gobernando», para luego sostener que «la élite mafiosa de Lima odia a un rondero, a un agricultor, a un maestro y odian este sombrero».
Su compañera de plancha, Brígida Curó, no se quedó atrás declarando que “hay una política corrupta y racista neoliberal. Nos desprecian, nos dominan, indio, cholo. Dicen que no podemos ser gobierno», rematando su perorata con la penosa y racista frase de que «la japonesa se vaya a su país».
Para que puedan hacer todos esos estropicios plantearon una nueva Constitución, siguiendo el diabólico libreto que impulsaron Chávez y Nicolás Maduro, con la desastrosa consecuencias que todos conocemos y que se expresa en una sola cifra: 8 millones de personas han marchado al exilo, un millón y medio de ellas al Perú.
Sánchez y Brígida, además, están vinculados política y emocionalmente a un personaje siniestro, a quien admiran a pesar de ser enemigo del Perú: Evo Morales, hoy escondido en la zona cocalera de El Chapare para evitar que la policía lo capture por violar a una menor de edad.
Con la victoria de KF se ha ganado una batalla, pero los grupos de izquierda radical no solo desconocen el resultado, que tachan de fraudulento, sino que maniobran para que se revisen todas las actas, especialmente del exterior.
En suma, la lucha continuará, incluyendo el ámbito parlamentario, donde el partido de Sánchez ha logrado constituir una importante bancada que incluye por lo menos seis parlamentarios vinculados al Movadef, brazo político de Sendero Luminoso.
Desde el próximo 28 de julio, asistiremos, en consecuencia, a la segunda confrontación que sólo hace daño al país, divide a los peruanos y aleja las inversiones.
Fuente: CanalB
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